Nuestros relojes pueden ser reutilizables

Tómense unos instantes de su tiempo para mirar a su alrededor. ¿Qué ven? Si están en su casa, en su habitación, verán un montón de objetos que les representan...

Tómense unos instantes de su tiempo para mirar a su alrededor. ¿Qué ven? Si están en su casa, en su habitación, verán un montón de objetos que les representan y a los que tienen cariño. Pero intenten analizarlos ahora con una mirada más fría, más crítica. ¿Cuánto creen que cuestan todos y cada uno de esos objetos? ¿Creen que podrían revenderse?

En una situación desesperada, es decir, auténtica desesperación económica, ¿podrían adquirir una buena suma monetaria si los vendieran? Seguramente la respuesta sea sí. No me malinterpreten: no estoy insinuando que sus cosas, sus recuerdos personales, no sean más que cosas que cambiar por cifras para enriquecerse. Lo que quiero es moverlos a reflexión. Porque muchos de nosotros optamos por volver a comprar en vez de reutilizar y aprovechar aquello que ya no queremos pero, en cierto sentido, aún sirve.

Vamos a seguir con un ejemplo claro, uno que todo el mundo entenderá. Porque me cuesta creer que ninguno de nosotros utilice, o al menos tenga en casa, un reloj de pulsera. Cuando todos nosotros, y me incluyo, tomamos la decisión de comprarnos un reloj en España, acudimos a relojerías, a grandes superficies o incluso a tiendas especializadas en internet, donde seguramente encontremos buenas ofertas y modelos más exclusivos.

Sin embargo, la mayoría de personas desconocen la existencia de las relojerías de tasación y del buen servicio social que prestan. En una relojería de tasación, pueden, si quieren, comprar un reloj en el Barrio de Salamanca de Madrid, pero además uno de calidad a un precio económico pensado no solo para los ricos. Esto se debe a que en estas relojerías no solo pueden adquirir relojes en Madrid o en cualquier ciudad de España, sino también venderlos.

Por eso hablamos de relojerías «de tasación», porque quien lo desee puede llevar su reloj viejo y dejar que el relojero lo tase, es decir, lo analice para ver si funciona y para decidir su valor, y lo vuelva a poner a la venta. Así, todos ganamos. ¿Se dan cuenta? Nuestros objetos, todos, tienen un valor. No los desperdicien tirándolos a la basura.

 

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