La Generación del 27, una luminosa constelación

España vive en la primera mitad del siglo XX uno de los momentos más brillantes de su historia desde el punto de vista cultural. Este período, llamado la Edad...

España vive en la primera mitad del siglo XX uno de los momentos más brillantes de su historia desde el punto de vista cultural. Este período, llamado la Edad de Plata, abarca la última parte del reinado de Alfonso XIII  y la II República y se rompe, abruptamente, como tantas cosas, con la guerra civil (1936). Aunque somos una nación que ha pasado de ser una gran potencia a un nivel medio en el contexto europeo, aunque presentamos grandes carencias y una elevada tasa de analfabetismo, sobre todo en las zonas rurales, presentamos brillantes elites culturales y universidades y centros de investigación de primer nivel. En este caldo de cultivo tan propicio, surge un grupo de poetas, que luego se ha venido en llamar Generación de 1927.

En realidad eran escritores muy dispares en cuanto a biografía y edad.  Algunos como Guillén y Salinas era mayores; otros como Lorca, Alberti, Altolaguirre, eran algo más jóvenes. Tampoco tienen una comunidad de estilo. El neopopularismo de algunas obras de Lorca y Albeti poco tiene que ver con el intelectualismo de Guillén, o con el surrealismo de Hinojosa, o con el existencialismo desgarrado de Dámaso Alonso, o con la gravedad moral de Cernuda, o con la obra única de que quien me parece un genio inclasificable: Aleixandre. Cada uno es único y distinto, porque cada uno es grande.   Es verdad que todos bebían de maestros indiscutibles (Ortega, Juan Ramón) y que disponían de una buena formación (algunos era críticos de primera orden como Dámaso o Guillén) que incluía el conocimiento de lo europeo y estudios superiores. Frente a nuestro 98, más local, más arraigado en los problemas españoles, más miradores de sus ombligos, el 27 es más cosmopolita y moderno. Es la obra de gente que ha viajado y conocido Europa y el mundo, que extiende su interés más allá del terruño. Es la obra de “burgueses” y de (si se me entiende la palabra con el tono cariñoso que le doy) de “señoritos”. Todos lo eran en mayor o menor medida. Nuestro Lorca era un modelo acabado. Hijos de una burguesía que comienza a interesarse por la cultura y el arte, sumergidos en un ambiente social y culturalmente refinado.

Todo esto, todo este ambiente de refinamiento y europeísmo, lo rompe y dispersa el trauma histórico de la guerra civil. Aunque la obra de muchos siguió fluyendo, algunos murieron (Lorca e Hinojosa asesinados por distintos bandos). Otros se fueron para no volver o volver al final: Salinas, Alberti, Cernuda, Guillén, Altolaguirre, Prados. Otros, en fin, se quedaron dando continuidad dentro de España  a su obra: Dámaso, Gerardo Diego, Aleixandre. sigue iluminando y cegando con su propio brillo. Una luminosa constelación.

Ante esta magnífica diversidad, ¿qué decir? ¿Generación, grupo, etapa? En realidad, una constelación rutilante de estrellas literarias que nos sigue iluminando y cegando con su propio brillo. Una luminosa constelación.

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CulturaEspaña

Nacido en Álora (Málaga), 1960. Profesor de Lengua en Educación Secundaria, Doctor en Filosofía y Letras por la Universidad de Málaga. Colabora con distintos medios con trabajos sobre temas literarios, sociales o religiosos.

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