Es importante cuidar las tradiciones regionales

Sobrevaloramos las ciudades grandes. Dicho así, quizá esta afirmación suene ignorante. Al fin y al cabo, una ciudad grande ofrece numerosas posibilidades de ocio y de turismo. Las ciudades...
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Sobrevaloramos las ciudades grandes. Dicho así, quizá esta afirmación suene ignorante. Al fin y al cabo, una ciudad grande ofrece numerosas posibilidades de ocio y de turismo.

Las ciudades grandes suelen albergar una historia muy nutrida, cascos antiguos dignos de admirar, y barrios comerciales espectaculares y fantásticos para pasear con amigos, en pareja o, sencillamente, en soledad. Sin embargo, es falsa la idea de que solo podemos encontrar diversión en una ciudad, como también lo es la creencia derivada de esta opinión: que los pueblos no ofrecen nada de diversión.

Los pueblos tienen sus propias tradiciones, más artesanales, más campechanas. Sus fiestas y sus celebraciones anuales tienen un toque regional precioso que se aprecia mucho menos en las grandes ciudades, más pobladas y cosmopolitas por regla general.

Bien es cierto que no todos los pueblos son lo bastante grandes ni importantes, a ojos de los gobiernos centrales, como para recibir suficiente financiación, la cual posibilita la existencia de todos estos eventos anuales.

Los propios habitantes del pueblo tienen la posibilidad de organizar colectas e incluso ponerse de acuerdo para solicitar medios de manera colectiva, y de hecho es la mejor idea posible si desean organizar un buen calendario de celebraciones y festivales que pretendan atraer turistas de las grandes urbes y de otras nacionalidades. Esta idea es muy buena, pero también hace falta más dinero público, y sobre todo no destinarlo solo a los núcleos más poblados del país o de la región.

Porque, a la larga, el resultado de abandonar a su suerte pueblos pequeños, es que en efecto dejarán de ofrecer alternativas de ocio y fiestas tradicionales. No porque no las tengan, sino porque no habrá recursos económicos suficientes para poder hacerlas.

Mientras se soluciona la financiación pública, no obstante, es un alivio que existan los préstamos rapidos y financiación con entidades, las comunidades vecinales y las donaciones, porque gracias a ellas podemos asegurar el futuro de un conglomerado heterogéneo de costumbres. Porque la cultura de un país no se compone solo de tradiciones urbanas. De hecho, las más antiguas sobreviven muy cerca de la naturaleza, donde se respira un pasado fascinante.

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