María Zambrano, una querencia española

Uno de los temas que con más frecuencia asoma en la prosa de María Zambrano, junto con el tema de lo divino, es el de España. Por sí misma...

Uno de los temas que con más frecuencia asoma en la prosa de María Zambrano, junto con el tema de lo divino, es el de España. Por sí misma o en relación con otras, la cuestión de España es una constante en su dilatada obra.

En esto se sitúa la autora en una larga línea de reflexión y preocupación intelectual. Dolores Franco ha estudiado el fenómeno en su clásica antología España como preocupación (1944). La autora remonta los orígenes de este largo proceso a Cervantes; y termina, como no podía ser menos, con Ortega. El de la preocupación intelectual por España, por su persistencia,  por su volumen, es un fenómeno, dice, “específico de nuestras letras, casi desconocido en otros países”. Si la obra se hubiese escrito más tarde, sin duda hubiese recogido textos de Zambrano.

Intento caracterizar brevemente este aspecto del pensamiento de la autora veleña.

No es casual que use aquí la palabra querencia. Para estos intelectuales y artistas el tema de España, más que una cuestión de conceptos objetivos, de datos históricos, es algo personal que les afecta como españoles, como ciudadanos y como personas. Nadie resume mejor que Unamuno esta actitud con su famoso “Me duele España”. Por ello, las reflexiones españolas de Zambrano, como las de don Miguel, también, como Ortega, tienen un tono lírico,  a veces conmovido, expresado con frecuencia con esas paradojas, contradicciones y barroquismos literarios que hacen de los textos de Zambrano algo exquisito, pero  oscuro. Aquí su numen poético, inseparable en ella del teórico, se muestra con una intensidad especial.

Parece que lo español, como ser histórico, se mueve en una dirección y con un ritmo distinto a los demás países europeos. “La historia de España no sigue la del resto de Occidente” (Ortega y Gasset, filósofo español). Como ha dicho Octavio Paz, lo español es “excéntrico” (fuera del centro).

Lo español es algo que esconde un misterio, que provoca inquietud, que no  está claramente a la vista del que mira. Hay que indagar bajo la superficie para encontrar esta gema preciosa. “España, donde la luz se revela con toda su pureza (…) es también el lugar de un misterio inaccesible en su vida” (La mujer en la España de Galdós). Este misterio es fundamentalmente ambiguo. Para Zambrano es la ambigüedad lo que caracteriza el inicio de la novela como género literario y El Quijote (“nuestro libro sagrado”, lo llama más de una vez). “Don Quijote y Sancho vienen a ser una especie de guía para el conflicto que entraña el ser español” (La ambigüedad de Cervantes).

Por otra parte, esta realidad esconde grades posibilidades. Una riqueza oculta que hay que aprovechar. Es una clave para explicarnos, para explicar muchos problemas. En Ortega aparece muy clara esta cuestión. Soy español; si no aclaro qué cosa soy, no puedo dar sentido a mi vida. En Ortega tiene el tema  una dimensión más social, ciudadana (léase Prólogo para alemanes). En Zambrano, cercana a Unamuno, tiene un carácter más radical, existencial. Ortega: qué hago con mi vida, qué sociedad construyo. Zambrano: qué es mi vida. Lo español apunta, como a su diana natural, a lo trascendente, si se quiere, a lo religioso.  “No le va al español el levantar castillos de abstracciones, pero su angustia por el ser de España, en la que va envuelta la angustia por el propio ser de cada uno, es inmensa y corre por donde se mire” (Senderos). El ser de España nos va a iluminar en nuestra camino personal e histórico: “La huella [histórica] de ahora es surco que penetra tan hondo en la naturaleza humana, que alumbra zonas casi inéditas del hombre, aunque profetizadas y presentidas” (Senderos).

Los temas españoles asoman una y otra vez a sus páginas: el Quijote, Cervantes, San Juan de la Cruz, Miguel de Molinos, Galdós. Parece que,  hablando de España, no hace sociología, ni historia, ni erudición, ni siquiera mera política, sino que se encara con algo muy personal  y tiembla  cada vez que asoma a su boca o a su pluma este nombre que “envenena mis sueños”.  Nadie ha expresado eso mejor que Cernuda:

“Una mano divina
tu tierra alzó en mi cuerpo
y allí la voz dispuso
que hablase tu silencio.”

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CulturaEspaña

Nacido en Álora (Málaga), 1960. Profesor de Lengua , Doctor en Filosofía y Letras por la Universidad de Málaga. Colabora con distintos medios con trabajos sobre temas literarios, sociales o religiosos.

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