El rastro perdura en el paso del tiempo y cada vez con más adeptos

 Cada vez son más las personas que deciden pasar un domingo en busca de gangas, jugar al precio justo o ganar algo de dinero vendiendo objetos que ya no...

 Cada vez son más las personas que deciden pasar un domingo en busca de gangas, jugar al precio justo o ganar algo de dinero vendiendo objetos que ya no usan

Jénifer Vicente Carrillo 

 

Si existe un lugar donde encontrar lo que buscas más barato, ése es el rastro. Como cada domingo  y festivo, ha tenido lugar el Rastro de Valencia en la plaza Luis Casanova, junto a Mestalla. Un mercado al aire libre donde originalmente se venden objetos de segunda mano, pero se pueden encontrar también cosas nuevas. Cada persona  intentaba protegerse del sol como podía,  con sombrillas, gorras o sombreros, ya que el recinto carece de techado, pero sí disponía de árboles que solo proporcionaban sombra a unos pocos privilegiados.

A pesar de empezar a las ocho de la mañana, eran numerosos los vendedores que comenzaban sus andadas en el rastro dos horas antes para tener sus puestos a punto. Y es que la colocación de los objetos en sus respectivas parcelas lleva su tiempo, ya que intentaban aprovechar todo el espacio posible para sacar a la vista todos los objetos habidos y por haber.  Algunos se esforzaban por hacer su parada un poco más atractiva, como la de las figuras de superhéroes. Otras en cambio, daban la sensación de barroquismo u horror vacui.  Un lugar donde poder depositar los enseres no lo puede tener todo el mundo,  ya que los puestos son asignados y cada negociante  cuenta con su autorización de venta por la que pagan cada dos meses. Colocadas una detrás de otra iban formando un recorrido amplio por todo el recinto que permitía pasear con total libertad, pero siempre prestando atención a nuestros objetos personales, ya que eran muchas las personas que se quejaban de los carteristas que frecuentan el lugar.

El recinto se encontraba protegido por una valla de acero y presenciado por tres policías locales. Con ello intentaban evitar la entrada y salida de vendedores ambulantes ilegales con sus carros de supermercados.

El rastro no es algo nuevo como consecuencia de la crisis o del auge del movimiento vintage, pero sí es cierto que cada vez son más las personas que deciden venir a comprar a estos lugares porque encuentran el artículo mucho más económico y les hace la misma función. Antonio es un vendedor que  lleva en este rastro 51 años. Vive de feria en feria ganándose la vida. Su puesto repleto de libros llamaba la atención, porque además de vender,  tenía un cartel que indicaba que compra objetos para tener inventario y poder seguir liquidando.

La afluencia de niños era escasa, pero aún así, una pequeña joven ayudaba a su abuelo a vender a grito de ¨¡Niña cómprame algo que lo tengo barato!¨.

 

La actitud de los visitantes

Las cosas que más despertaban la atención de los visitantes y donde más se paraban era  frente a los carteles de ¨Todo a 1 euro¨, donde encuentran verdaderas gangas. Era curioso ver pasear a los compradores con bolsas de establecimientos conocidos que es la que les proporcionaban los vendedores. Salvo por alguna excepción en la que el vendedor se dejaba la voz intentando llamar la atención de los viandantes, solían esperar sentados y callados a que alguien se interesase por alguno de sus artículos para dar comienzo el tira y afloja, el debate  entre el cliente y el comerciante por conseguir el precio que mejor le convenga a cada uno, el llamado ‘regateo’. Se podía observar que la gente repetía el recorrido varias veces. En la primera vuelta aprovechaban para ir mirando si encontraban algo, en la siguiente, para comparar precios y negociar y así hasta que se decidían. Alrededor de las once de la mañana todavía había un puesto que no había realizado ninguna venta, y que por darle vida al negocio aceptaba una oferta de un cliente.

No es el único punto de la ciudad en el que se monta el rastro, pero sí el único legal y el más conocido. Además de darle una segunda vida a la ropa y objetos, ayudamos a contribuir con el medio ambiente.

A falta de media hora para que finalizara el acontecimiento, los vendedores se desprendían de objetos y cajas de cartón dejando en el suelo el recuerdo de esta mañana dominical.  A las dos de la tarde los vendedores se marchan normalmente con menos cosas de las que han traído.

 

Los puestos son asignados y cada comerciante cuenta con su autorización de venta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Estudiante de 3º de Periodismo y Periodismo deportivo en la universidad CEU Cardenal Herrera. Dicen que hablo mucho, pero yo creo que son ellos que hablan poco. El arte de hablar.
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