El problema real de las drogas

Cuando salimos a la calle o encendemos la televisión nos topamos, con relativa facilidad, con numerosas campañas antidrogas. A todos nos gustan. Las vemos y asentimos en silencio, pensando...
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Cuando salimos a la calle o encendemos la televisión nos topamos, con relativa facilidad, con numerosas campañas antidrogas. A todos nos gustan. Las vemos y asentimos en silencio, pensando que hay gente que hace bien en concienciar a la población sobre sus peligros. Sin embargo, solemos quedarnos en un prohibicionismo muy simple sin tener en cuenta la raíz del problema; es decir, qué circunstancias sociales llevan a una persona a consumir. Las drogas no son entes abstractos, tienen clase, edad y situación familiar. Las drogas, en otras palabras, se ceban más con colectivos desfavorecidos y en situaciones precarias.  Podríamos hacer una tesis con la relación entre la adicción y trastornos como la depresión y la ansiedad.

No me malinterpreten: las campañas antridrogas deben existir, pues la población debe saber que las drogas no son la solución a nada sino todo lo contrario. Sin embargo, también deberían existir muchas más clínicas de rehabilitación de drogas de calidad. Es decir, todas ellas deben proporcionar una terapia psicológica adecuada y no solo destinada a que la persona adicta deje de consumir, sino a que aprenda a lidiar con los problemas cotidianos que pudieran haberla llevado a hacerlo. En otras palabras, la existencia de las clínicas de rehabilitación y de las campañas de concienciación van de la mano; y las dos juntas, bien enfocadas, pueden ser la solución que cualquier persona en situación de crisis necesita para poder dejar las drogas.

Porque si no atacamos los cimientos de un problema, quizás, podamos limpiar la superficie un tiempo y servirá, pero el polvo volverá a aparecer. La adicción es un problema psicológico y, combatirla, requiere de herramientas psicológicas especializadas y no solo de unos cuantos carteles que te digan que drogarse está mal. Esto también es importante entenderlo: no podemos criminalizar a las personas que consumen. No son seres marginados o inmaduros que se han buscado su situación. Todos nosotros podríamos vernos en la misma situación con un poco más de mala suerte. A esta sociedad le faltan muchas cosas pero, una de ellas, es la empatía; y, con las drogas es muy importante tenerla, si no, no podremos ayudar.

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